¿QUÉ ENTENDEMOS POR INNOVACIÓN EDUCATIVA?
Para
que exista una innovación educativa es necesario acudir a las aulas, recuperar
al profesorado que convive con el estudiante y palpa sus necesidades personales
y las necesidades de un sistema que carece de los implementos necesarios para
lograr esa verdadera educación que desde la base cambie la cultura y mejore la
sociedad.
Recuperar
a ese docente que ha perdido la confianza en las reformas curriculares por
verse alejado en las tomas de decisiones en lo referente a contenidos,
estrategias, presupuestos, etc; siendo él el más indicado para estructurar esta
innovación que debe mudar o alterar algo, introduciendo novedades; que sabe que
lo importante es el cambio conceptual, de percepción de los educandos, y no los
metros cuadrados de aulas, ni las horas de enseñanza, ni el detalle de los
programas, ni tampoco los créditos.
Docente
que conoce muy bien que únicamente se resiste a este cambio quien no lo quiere porque
conlleva un esfuerzo adicional, una puesta al día en cuestiones didácticas y
científicas, que no es un trabajo individual sino de toda la comunidad
educativa que se verá incomodada al ver amenazada su zona de confort y es incapaz
de cambiar sus malos hábitos y seguridad ficticia. Pero que no emite un severo
juicio porque sabe que muchos han sido engañados y desconfían de tanta promesa al
comprobar que las condiciones no se cumplen.
Llegar
a una innovación educativa requiere conseguir que todos los involucrados
intervengan en un proceso creativo por el cual dos o más conceptos existentes o
entidades son combinados en una forma novedosa, para producir una configuración
desconocida previamente y llegue a ser parte del estado cognitivo de la
sociedad y de su repertorio conductual, reto que no es nada fácil de conseguir,
porque tratan de modificar actitudes, ideas, culturas, contenidos, modelos y
prácticas pedagógicas plenamente arraigadas en la comunidad y que le son
difíciles de cambiar.
Esto
implica que la selección, formación y desarrollo profesional de los docentes,
no se vean restringidos por cambios políticos y sociales, que afectan la distribución
del poder en educación y a la relación de los agentes sociales con la enseñanza
escolar.
Esta reforma
debe ser un cambio propiciado por la Administración Educativa y que afecte al
sistema educativo en su conjunto, tanto a su estructura como a sus fines y
funcionamiento. Requerimiento complicado de cumplir por cuanto requiere de
diferentes tipos de medios y condiciones para ser efectivas, por lo que muchos
sostienen que cuando se llevan a la práctica estas reformas ya están desactualizadas
y habrá que comenzar de nuevo con la reforma de la reforma.
Todo
esto porque una innovación educativa supone una idea percibida como novedosa por
la comunidad educativa, y a su vez incluye la aceptación de dicha novedad,
misma que debe ser percibida como un cambio que busca la mejora de una práctica
educativa por medio de un esfuerzo deliberado y planificado encaminado a la
mejora cualitativa de los procesos educativos que conlleven a un aprendizaje
para quienes se implican activamente en el proceso de innovación. Lamentablemente
esto está relacionado con intereses económicos, sociales e ideológicos que
influyen en todo proceso de innovación, y en nuestro país han sido muy mal
gestionados.
Para comprender
los procesos de innovación educativa es necesario tener en cuenta las
perspectivas que sustentan los ideales y las teorías que se han ido
desarrollando en torno a la innovación educativa, debiendo ser su preocupación
esencial no el cambio por el cambio sino saber por qué se cambia. El cambio
supone un diálogo entre lo viejo y lo nuevo, entre la teoría y la práctica; la
innovación es la construcción y proyección explícita de las diferentes perspectivas
en las que se agrupan y sustentan los hechos, valores y presupuestos.
Desde una perspectiva tecnológica, la
enseñanza es una técnica, y por ello el cambio y solución de sus problemas y
necesidades son susceptibles de tratamiento científico por lo que es necesaria
una perspectiva cultural que haga
frente a una interacción cultural, a un choque entre culturas y subculturas que
se conviertan en un conjunto de significados y valores culturales propios y
compartidos, por medio de una perspectiva
política que asuma y esté dispuesta a afrontar que esta innovación conllevan
siempre el conflicto y en el mejor de los casos lograr el acuerdo o consenso
negociado.
Esto
nos llevaría a pensar que la escuela vive estos procesos de transformación al
mismo ritmo, incluso que puede anticiparse a los cambios y hasta inspirar transformaciones
culturales. Pero hemos aprendido de todos estos enfoques que las instituciones
educativas tienen una autonomía relativa y desarrollan un fuerte sentido de
resistencia a los cambios.
Aplicar
los procesos de cambio al ámbito curricular resulta muy complejo cuando se
concibe al currículo no como un objeto estático o un producto sino como un
proceso en reelaboración y reconstrucción permanente. El currículo es el
principal medio para conseguir el cambio educativo.
En las
innovaciones curriculares se da el caso de que no sólo hablamos de un proceso
de innovación sino que se suma a ello la complejidad de los propios procesos
curriculares. El currículo no es un objeto sino un proceso en el que nos vemos
implicados porque nosotros, como estudiantes o profesores hacemos currículo
Este currículo
debe estar enfocado en las teorías que consideran al alumno como el centro de
la acción pedagógica, la búsqueda de autonomía personal, la educación como
acción social, la defensa de la libertad, la redefinición de las relaciones
entre escuela y sociedad, el docente como un intelectual comprometido con un proyecto
de transformación cultural y social, la organización del currículo teniendo en
cuenta la reconstrucción cultural de la experiencia, la escuela como proceso de
indagación, de investigación, abierta a su entorno, educación para la paz,
educación bilingüe, educación multicultural, educación ciudadana, educación
ambiental, educación basada en competencias, escuelas abiertas, escuelas
efectivas y educación profesional.
Manteniendo
siempre que lo fundamental es avanzar en el camino marcado, en las líneas
acordadas, en la búsqueda de esos ideales de justicia, equidad y solidaridad,
pero de ningún modo desandar el camino e ir hacia atrás.
Para
lograr esto se requiere un clima institucional adecuado, de confianza, de
solidaridad y apertura como también de una actitud de vigilancia, de reflexión
y diálogo que permita integrar la evaluación continua, considerando que toda
innovación debe penetrar en la cultura si quiere producir cambios sustantivos.
Tomado de MARGALEF GARCÍA, LEONOR, ARENAS MARTIJA, ANDONI, ¿QUÉ ENTENDEMOS POR INNOVACIÓN EDUCATIVA? A PRÓPOSITO DEL DESARROLLO CURRICULAR. Perspectiva Educacional, Formación de Profesores [en linea] 2006, [Fecha de consulta: 16 de mayo de 2018] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=333328828002> ISSN 0716-0488
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